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A pedazos

El viaducto es sólo un megasímbolo del estado general de los puentes venezolanos
(Foto Paulo
Pérez Zambrano)

La inversión en infraestructura del actual gobierno es la menor de los últimos 50 años, a pesar de las grandes obras que inaugurarán en 2006.

La infraestructura es la columna vertebral de un país. Y la venezolana sufre de escoliosis muy severa. El impactante desmoronamiento del viaducto 1 de la autopista Caracas-La Guaira es sólo un símbolo de la situación general del país, pues según la Cámara Venezolana de la Construcción 70% de los puentes se encuentra en estado deplorable. De los 100.000 kilómetros de carreteras que cruzan el territorio sólo 36% está asfaltado.

Infraestructura no es sólo vialidad. El drama del escaso mantenimiento y la falta de nuevas obras se multiplica. Sobre este tema, María Elena Corrales, consultora que labora para el Banco Mundial, el Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento; y Gerver Torres, director de Liderazgo y Visión, elaboraron un completo estudio. Este trabajo forma parte del programa Autocomprensión de Venezuela, que desarrolla Liderazgo y Visión y será un capítulo de un libro elaborado en conjunto por las universidades Católica Andrés Bello y Simón Bolívar y el Instituto de Estudios Superiores de Administración, que propondrá bases para superar la pobreza y alcanzar la senda del desarrollo.

El diagnóstico plasmado por ambos expertos es siempre sombrío: 5.000 escuelas se encuentran en estado deplorable y se requieren cuatro mil más. El déficit de viviendas es de 1,7 millones de unidades. Cada año la demanda aumenta en cien mil unidades. Entre 1990 y 1998 se construyó un promedio anual de 69 mil viviendas. Entre 1999 y 2004, este promedio cayó a 13 mil.

Treinta por ciento de la población venezolana sufre de racionamiento de agua potable y la falta de acueductos repercute en la salud, especialmente en mortalidad infantil.

Las interrupciones eléctricas mayores a cien megavatios pasaron de ocho anuales en 1994 a 84 en 2005. En Venezuela se pierde un promedio de 27% de la energía, porcentaje que aumenta a cuarenta por ciento si la provee la estatal empresa Cadafe. El estándar internacional indica que no debería ser más de 10%.

Al dar un vistazo a los montos de inversión estatal destinados a infraestructura se comprende el porqué de su fragilidad. En los años 50, se le dedicaba 30% del presupuesto de gastos, mientras que en el año 2000 sólo 6%. En términos de Producto Interno Bruto, entre 1950 y 1959, se destinó 8,6%; 1960 y 1978, 4,4%; 1979 y 1993, 2,5% y 1993 y 2003, 1,4%. En los últimos años ha repuntado levemente, pero aún se encuentra por los dos puntos, pese a las grandes obras anunciadas para este período electoral.

Los estándares internacionales sugieren que países como Venezuela destinen 5% del PIB a infraestructura.

Lo más dramático es detectar el sector más sacrificado dentro de este gran grupo marginado de la inversión: han sido las obras dirigidas a los servicios públicos médicoasistenciales las que han recibido un monto menor y decreciente del total invertido.

Sólo un sector ha recibido continuas buenas noticias y ha mejorado su situación: el ambiental. Por trabajos en obras de aguas servidas, especialmente en Nueva Esparta y Vargas, las aguas que han sido tratadas antes de lanzarlas a ríos, mares y lagos han aumentado de ocho a 18%, en los últimos siete años.


Regreso al pasado

Las cifras de inversión no sólo son bajas, también son inconvenientemente generales. María Elena Corrales explica que no se diferencian en las partidas presupuestarias las cantidades destinadas a nuevas obras de las que se utilizarán en mantenimiento, pero, supone, por el escaso monto designado a infraestructura, que ese último objetivo no se está cumpliendo.

La desatención en infraestructura repercute de muchas malas maneras en el nivel de calidad de vida y en la competitividad del país. Por otra parte, acometer nuevas obras siempre trae impactos positivos: "Si se acometieran las inversiones necesarias en infraestructura, se generarían 850 mil empleos. Por cada punto del PIB que se incremente la inversión en infraestructura, aumenta también un punto el crecimiento económico del país", afirma Gerver Torres.

Detectan tres grandes fallas que afectan, desde hace más de dos décadas, a la infraestructura del país: el déficit institucional, el operacional y el de inversiones.

El institucional se revela con la falta de un marco legislativo proactivo, claro y, sobre todo, respetado, con el agravante de que en los últimos años se ha impuesto la tendencia de regresar al modelo centralizado, que demostró su ineficiencia. Corrales, incluso, detecta decisiones incoherentes.

"Entre los años 2000 y 2001, en este Gobierno, se aprobaron dos leyes sectoriales, la de agua potable y la del servicio eléctrico nacional. En todos sus puntos ratifican el proceso de descentralización iniciado en los noventa, con reglas estables, promoviendo la sustentación económica del servicio a largo plazo y ratificando la descentralización, incluso con plazos establecidos que están prontos a vencerse y no se ha hecho ni una sola transferencia del servicio a gobiernos regionales, a excepción de las que se realizaron antes de 1998", afirma Corrales.


Estreno por temporada

En 2006 se cortarán muchas cintas. El Gobierno prevé inaugurar varias grandes obras antes de las elecciones presidenciales, especialmente en transporte y vialidad.

Pero Corrales advierte que son obras aisladas de la red de infraestructura existente y que, además, tampoco se ha considerado dedicar recursos a mantener lo ya existente y a pequeñas inversiones como plazas y escuelas.

"La ejecución de las pequeñas obras tiene más complejidades que las grandes y nuevas porque implica transferencia de recursos efectivos a los ministerios, planificación para ejecutarlas y una gerencia pública altamente descentralizada, a pesar de otras necesidades que puedan tener. El modelo de distribución de la renta petrolera ha sido muy afectado. Los municipios siguen sin los recursos que necesitan", explica.

Todas las obras de infraestructura necesitan atención. "Los problemas no aparecen por desgaste natural sino por falta de atención. Cualquier obra, desde una escuela hasta el sistema de comunicación más avanzado, necesita actualización permanente, mantenimiento, incorporación de avances tecnológicos y rectificación de los problemas que siempre se detectan a tiempo. Las obras de infraestructura no se rinden, se desploman por falta de atención".

GIULIANA CHIAPPE - EL UNIVERSAL

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